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La Casona: de solar colonial a museo policial

Ilustración contemporánea del frontis de una casona de ladrillo y madera de los años veinte frente a una plaza limeña
Ilustración contemporánea del frontis de una casona de ladrillo y madera de los años veinte frente a una plaza limeña

De todo el material que se publicó en este dominio, la página dedicada al edificio fue la más citada por terceros, y con razón: es la parte del proyecto que trata de algo tangible. Un museo puede quedarse en un guion, pero un inmueble de mil doscientos metros cuadrados en el centro histórico de Lima es un problema concreto, con humedad, con carcoma y con un vecindario alrededor.

La asignación de 2003

La sede del proyectado Museo Central de Historia de la Policía Nacional fue asignada por resolución directoral en diciembre de 2003. Se trataba de una casona situada en la tradicional Plaza Italia, en el barrio limeño de Barrios Altos. La elección no fue casual. El inmueble ya pertenecía al ámbito institucional y estaba, además, en un punto del centro histórico con densidad patrimonial poco común.

Ese es el argumento que el propio proyecto esgrimía: la casona podía integrarse a un circuito turístico existente. A pocos pasos se encuentran el Museo del Congreso y de la Inquisición y el museo numismático de la Casa de la Moneda; la propia Plaza Italia había sido recuperada por la municipalidad como espacio de comida tradicional limeña. Siguiendo la misma recta se llega al Palacio de Gobierno y al conjunto monumental de la Plaza Mayor, y algo más allá al convento de Santo Domingo. Hacia el otro lado, el circuito puede prolongarse al museo del cementerio Presbítero Matías Maestro y al convento de la Buena Muerte.

Todo ello se encuentra dentro del Centro Histórico de Lima inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, lo que añade tanto oportunidad como exigencia: cualquier intervención sobre el inmueble queda sujeta a criterios de conservación más estrictos que los de una obra corriente.

Un edificio con varias vidas anteriores

La historia previa de la casona es, en sí misma, un pequeño resumen de cómo el Estado peruano ha usado y reusado el centro de Lima. La documentación del proyecto señalaba que el inmueble habría albergado en algún momento la morgue de Lima. En los años veinte figuraba ya como propiedad particular, y por venta pasó después a manos públicas: desde 1927 fue sede de la Dirección de Gobierno y Policía. Más tarde funcionó allí la Dirección de Inteligencia de la Guardia Civil y, posteriormente, la Comisaría de San Andrés.

Es decir: antes de ser candidato a museo de la historia policial, el edificio había sido durante décadas un lugar donde esa historia efectivamente ocurrió. Pocas sedes museográficas tienen esa coincidencia entre continente y contenido, y es probablemente el mejor argumento a favor de la elección.

La arquitectura

El frontis principal da a la Plaza Italia. Dos puertas laterales abren hacia el jirón Junín, frente a la iglesia de San José. La construcción responde a un estilo arquitectónico de los años veinte y treinta: aproximadamente mil doscientos metros cuadrados de ladrillo y madera, con sótano y dos pisos superiores.

La distribución interior es la típica de la casona limeña adaptada a uso administrativo: dos ambientes amplios y una serie de habitaciones dispuestas a ambos lados de un corredor central, esquema que se repite en el primer y el segundo piso. La parte del fondo, en el segundo nivel, presenta una construcción enteramente de madera con un amplio altillo que genera un falso tercer piso. Desde las ventanas de esa sección se ve el cerro San Cristóbal.

Ese cuerpo de madera es, desde el punto de vista de la conservación, la parte más delicada y a la vez la más interesante. Es también la más vulnerable a los dos agentes que el propio proyecto identificaba como causantes del deterioro.

Ilustración contemporánea de un corredor central de casona con habitaciones a ambos lados y una escalera de madera
Ilustración contemporánea de un corredor central de casona con habitaciones a ambos lados y una escalera de madera

El estado de conservación

El diagnóstico que acompañaba al proyecto era franco. Los recursos limitados de la institución no habían permitido una labor de preservación: la humedad y los insectos habían deteriorado la carpintería, a lo que se sumaba el desgaste natural del tiempo. Se habían perdido las losas de mármol que servían de peldaños en la entrada y en la escalera, y también los aditamentos de un pequeño montacargas que operaba en el sótano.

La conclusión era explícita: el inmueble no estaba en condiciones de funcionar como museo y requería una intervención que recuperara la arquitectura original y lo acondicionara como espacio museográfico y centro cultural. No se trataba de amoblar un edificio disponible, sino de rehabilitar uno dañado.

Los tres problemas enumerados —humedad ascendente, ataque biológico a la madera y pérdida de elementos pétreos originales— son característicos de la arquitectura de tierra, ladrillo y madera del centro de Lima, y su tratamiento es caro precisamente porque no admite atajos. Sustituir carpintería histórica por perfilería moderna resuelve el síntoma y destruye el valor patrimonial que justificaba el edificio.

La idea de centro de interpretación

El proyecto no se limitaba a proponer salas de exposición. Planteaba que, de concretarse, la casona pudiera funcionar como centro de interpretación proyectado hacia la comunidad del Cercado, ofreciendo alternativas de desarrollo desde la gestión cultural que redundaran en la calidad de vida de los vecinos.

Es una ambición que hoy suena más contemporánea que en 2003. La museología de las dos últimas décadas ha desplazado el énfasis desde la colección hacia la relación con el territorio, y Barrios Altos —un barrio histórico con problemas serios de deterioro urbano y de vivienda— es exactamente el tipo de entorno donde esa aproximación tiene sentido. También es el tipo de entorno donde un museo mal financiado se convierte rápidamente en un edificio cerrado más.

Qué queda

El museo de historia policial existe hoy como institución y aparece en las guías culturales de la ciudad. Lo que no puede establecerse desde fuentes públicas en línea es en qué medida el programa de rehabilitación integral que la casona necesitaba llegó a ejecutarse, ni con qué alcance. Este archivo no está en condiciones de afirmarlo, y no lo afirma; las limitaciones de verificación se detallan en la página de fuentes.

Para el lector que quiera situar la casona dentro del conjunto de instituciones culturales de la ciudad, la guía de museos de Lima reúne las que integran el mismo circuito del centro histórico. Y para entender qué relato se pensaba exhibir dentro de esas paredes, el punto de partida es la serie de historia policial.